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ECOLOGÍA
Investigan la dinámica por la que se produce la arbustización en el noreste de la Patagonia
Un equipo del IPEEC-CONICET reconstruyó detalladamente este proceso dando lugar a conocimiento propicio para el manejo de estos ecosistemas.
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Imaginemos la estepa patagónica en verano: un paisaje extendido, casi continuo, tapizado de flores amarillas de quilimbai (Chuquiraga avellanedae). A simple vista parece una postal estable, como si siempre hubiera sido así. Pero esa imagen abre una pregunta que interpela: ¿este paisaje fue siempre igual o es el resultado de cambios recientes que no vemos a simple vista?
Responder esa pregunta implica mirar el ecosistema con perspectiva histórica. Y ese es el eje del trabajo publicado recientemente en el Journal of Arid Environments por un equipo de investigación del Instituto Patagónico para el Estudio de los Ecosistemas Continentales (IPEEC-CONICET) integrado por Alejandro Bisigato, Paula Romero-Ovalle, Cristian Barrionuevo, Cristian Pacheco y María Victoria Campanella, que reconstruyó cuándo y cómo se expandieron los arbustos en el NE de la Patagonia. En un contexto sin registros directos de décadas atrás, la estrategia fue leer el presente como si fuera un archivo ecológico.
Uno de los hallazgos centrales es que la arbustización —el avance de arbustos nativos sobre la vegetación— no ocurre de manera uniforme. La historia cambia según el tipo de suelo. En los suelos arcillosos, muchos de los individuos de quilimbay (Chuquiraga avellanedae) son antiguos: se establecieron hace varias décadas y han crecido lentamente. En cambio, en los suelos arenosos, la mayoría de los arbustos es más reciente, lo que sugiere una expansión más acelerada en tiempos cercanos.
Esta diferencia revela que no todos los ambientes responden igual a las mismas condiciones. En los suelos arenosos, el quilimbai presenta mayores tasas de crecimiento: los arbustos crecen rápido. Pero establecerse —es decir, que una plántula sobreviva— es más difícil. En los suelos arcillosos ocurre lo contrario: el establecimiento es más frecuente, pero el crecimiento es más lento. Dos respuestas distintas, condicionadas por las características del suelo.
El agua aparece como un factor decisivo, aunque también con matices. En los suelos arenosos, el establecimiento de los arbustos está fuertemente ligado a las precipitaciones del año en curso. En los arcillosos, en cambio, el efecto del agua se prolonga: las lluvias del año anterior también influyen en el establecimiento a través de la producción de semillas.
Para reconstruir esta historia, el equipo aplicó un enfoque metodológico poco habitual: estimar la edad de los arbustos partiendo de su tamaño actual. A partir de fotografías cenitales y mediciones detalladas en el campo, calcularon cuánto crece el quilimbay cada año, según el tipo de suelo en el que se encuentra. Luego, mediante modelos, fueron “restando” ese crecimiento año a año, retrocediendo en el tiempo hasta inferir el momento en que cada planta se estableció como plántula.
Este procedimiento, que combina observación directa, herramientas digitales y datos climáticos de largo plazo, permite reconstruir varias décadas de historia ecológica sin necesidad de registros previos. Es, en cierto sentido, una forma de arqueología del paisaje.
La imagen inicial de la estepa cubierta de quilimbay deja entonces de ser estática. Lo que parece un paisaje permanente es el resultado de procesos dinámicos, donde el suelo, el agua y el tiempo interactúan de maneras complejas. Entender esas diferencias no solo permite reconstruir el pasado, sino también anticipar cómo podrían transformarse estos ecosistemas.
Alejandro J. Bisigato, Paula E. Romero-Ovalle, Cristian Barrionuevo, Cristian Pacheco, M. Victoria Campanella, Shrub encroachment at northeastern Patagonia. Where? When?, Journal of Arid Environments, Volume 235, 2026, 105600, ISSN 0140-1963, https://doi.org/10.1016/j.jaridenv.2026.105600
(https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0140196326000522)