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ECOLOGÍA
Al lechuzón orejudo le gustó Chubut
Un estudio reciente documenta por primera vez la presencia y nidificación de esta especie de búho en la provincia. El registro, publicado en una revista científica, abre nuevas preguntas de investigación sobre su rol ecológico y sus preferencias de hábitats.
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¿Qué hace un búho “nuevo” en el Valle Inferior del Río Chubut (VIRCH)? La pregunta surge a partir del trabajo encabezado por la Dra. Anahí Formoso, investigadora en el Instituto Patagónico para el Estudio de los Ecosistemas Continentales (IPEEC-CONICET), y primera autora del artículo “Primer registro de presencia y nidificación del lechuzón orejudo (Asio clamator) en la provincia del Chubut” publicado en el número 70 de la revista Nuestras Aves de la ONG Aves Argentinas, donde se reporta un hallazgo inédito para la región: la presencia y reproducción de esta especie de búho en el Valle Inferior del Río Chubut (VIRCH). No se trata solo de sumar una especie a la lista local, sino de entender qué implica su llegada en términos ecológicos, productivos y culturales.
El lechuzón orejudo es un ave llamativa: de tamaño mediano, con grandes “orejas” (en realidad penachos de plumas) y un rostro claro enmarcado en negro que le da una expresión casi hipnótica. Si bien se distribuye/encuentra en la región Neotropical, en la Patagonia es escaso, con registros dispersos. Este nuevo trabajo confirma no solo su presencia, sino algo más relevante: se está reproduciendo en Chubut.
El registro se realizó en mayo de 2025, en una zona de Treorky caracterizada por un mosaico típico del VIRCH: parcelas agrícolas, árboles introducidos como álamos y sauces, y sectores irrigados. Allí, el equipo observó un adulto con comportamiento territorial, seguido, días después, por el hallazgo de pichones.
“Continuamos las observaciones durante semanas –narra Formoso- lo que nos permitió documentar distintos momentos del ciclo reproductivo: desde la defensa del territorio hasta el crecimiento de los pichones, que alcanzaban entre 20 y 30 días de edad. También detectamos diferencias de plumaje entre los adultos, lo que podría aportar pistas sobre el dimorfismo sexual, un aspecto aún poco conocido en la especie”.
Este hallazgo extiende la distribución conocida del lechuzón orejudo unos 280 kilómetros hacia el sur. Pero más allá del dato biogeográfico, lo relevante es lo que sugiere: la especie podría estar expandiendo su rango en respuesta a cambios ambientales asociados a actividades humanas, como la agricultura y la forestación con especies exóticas, tal como se viene sospechando previamente.
En este punto, este nuevo hallazgo conecta con la línea de trabajo más amplia que la investigadora mantiene en el VIRCH: el estudio de aves rapaces, en particular búhos y lechuzas, como aliadas en el control biológico. Los agroecosistemas resultan propicios para algunas especies que se ven beneficiadas con estos nuevos ambientes, atrayendo así, algunas que pueden resultar perjudiciales para los cultivos o las personas, como ciertos roedores, por ejemplo. Aquí es donde estas aves cumplen un rol clave: se alimentan de pequeños mamíferos, contribuyendo a regular sus poblaciones de manera natural, de hecho, algunas especies de lechuzas son especialistas en el consumo de pequeños mamíferos.
Para profundizar en este aspecto, la científica del IPEEC analiza egagrópilas —los “bolos” de restos no digeridos que regurgitan las lechuzas—. Este material permite conocer la dieta con precisión y evaluar qué especies consumen. Si los roedores agrícolas formaran parte importante de su alimentación, el lechuzón orejudo podría incorporarse a estrategias de manejo sustentable junto a otras especies ya estudiadas en la zona, como la lechuza de campanario y la lechucita de las vizcacheras.
El lechuzón orejudo, con su mirada intensa y su comportamiento intrigante, tiene un alto potencial para captar la atención del público. Para observadores de aves, docentes y estudiantes, este registro representa una oportunidad única de acercarse a la ciencia local en tiempo real y al mundo de las lechuzas en particular. Por su parte, para la investigación, abre nuevas preguntas: ¿llegó para quedarse?, ¿cómo se adaptará al ambiente patagónico?, ¿qué rol cumple en la red trófica?
En definitiva, lo que empezó como una observación puntual en un campo del VIRCH se transforma en una pieza clave para entender cambios ambientales, promover prácticas agrícolas más sustentables y fortalecer el vínculo entre naturaleza, ciencia y sociedad. El epíteto clamator deriva del latín y significa gritón, y es que este búho, en apariencia silencioso, parece que trae mucho para decir.
El desafío no es solo ecológico. También es social. En muchos lugares, las lechuzas y búhos arrastran una carga cultural negativa: mitos que las asocian con la mala suerte o lo sobrenatural. Estas percepciones influyen en cómo las personas se relacionan con ellas, a veces con rechazo o incluso persecución. En otros sitios, en cambio, el grupo es visto con admiración y considerado de buen augurio.
Por eso, el proyecto incluye una dimensión educativa. Se prevé el desarrollo de talleres y charlas en escuelas y comunidades del valle para conocer sobre este grupo de aves y ponerlas en valor como componentes esenciales del ecosistema. La idea es simple pero potente: conocer para cuidar.
Formoso, Anahí E., Agustín Esmoris, Darío H. Podestá, and Daniel E. Udrizar Sauthier. 2025. “Primer Registro De Presencia Y nidificación Del Lechuzón Orejudo (Asio Clamator) En La Provincia Del Chubut”. Nuestras Aves, no. 70 (December): 121-24. https://doi.org/10.56178/na.vi70.1163.







