VINCULACIÓN

Veinte años de ciencia y conservación en San Pablo de Valdés

El IPEEC acompañó el aniversario de la reserva de la Fundación Vida Silvestre en Península Valdés, con la participación de su personal científico que desarrolla investigaciones desde hace más de una década.


El 31 de octubre, en el Ecocentro de Puerto Madryn, se celebraron los 20 años de la creación de la Reserva de Vida Silvestre San Pablo de Valdés, de la Fundación Vida Silvestre Argentina. En el encuentro, la doctora Andrea Marino, investigadora del IPEEC-CONICET, compartió una exposición sobre la evolución ecológica de la reserva y los resultados del trabajo sostenido que la institución desarrolla desde sus inicios. Además participaron del evento en los investigadores Germán Cheli, Victoria Rodríguez, Romina D’Agostino, Gustavo Pazos y Daniel Udrizar del IPEEC, junto a su director, Luciano Ávila.

Desde hace varios años, el personal científico del IPEEC mantiene tres monitoreos permanentes en la Reserva de Vida Silvestre San Pablo de Valdés:

  • El monitoreo de vegetación analiza la cobertura vegetal y la composición de especies en relación con variables climáticas y el pastoreo por herbívoros nativos.
  • El monitoreo de guanacos, iniciado en 2006, evalúa el crecimiento, la estructura y la dinámica poblacional de esta especie clave del ecosistema patagónico.
  • El monitoreo de mamíferos carnívoros releva la presencia y distribución de especies, y estudia cómo se vinculan con distintos hábitats y factores ambientales.

A lo largo de estos veinte años, los resultados de las investigaciones evidenciaron una notable recuperación ecológica: la remoción del ganado ovino permitió el incremento de la cobertura vegetal, de la diversidad de aves y artrópodos, y un aumento sostenido de la población de guanacos. En la última década, los estudios del IPEEC han demostrado que la vegetación se mantiene en buen estado de conservación y que su dinámica está regulada principalmente por variables climáticas —como la temperatura y las lluvias primaverales— más que por la herbivoría.

Durante su exposición, la Dra. Andrea Marino destacó especialmente el valor del monitoreo de guanacos, una de las líneas de investigación más antiguas de la reserva y núcleo de su recuperación ecológica. Explicó que, tras la remoción del ganado ovino, la población de guanacos creció de manera sostenida hasta alcanzar las mayores densidades registradas en la Península Valdés, sin que ello implicara un deterioro de la vegetación. Los estudios del IPEEC demostraron que la dinámica entre la población de guanacos y el ecosistema vegetal se mantiene en equilibrio, regulada principalmente por las condiciones climáticas y no por la herbivoría. Estos resultados confirman la capacidad de los ambientes naturales para autorregularse y subrayan la importancia de los monitoreos a largo plazo como herramienta para comprender y conservar los ecosistemas patagónicos.

Durante su disertación, la Dra. Andrea Marino destacó este equilibrio ecológico alcanzado en la reserva y planteó los nuevos desafíos científicos: comprender el rol de los “bosteaderos” de guanacos como islas de fertilidad para la regeneración vegetal, y analizar la variabilidad en la calidad nutricional del forraje como herramienta para el manejo de poblaciones silvestres y ganaderas.

En su disertación, la investigadora también se refirió a los nuevos desafíos científicos que abren estos resultados. Entre ellos, estudiar el efecto de los “bosteaderos” —sitios enriquecidos por la actividad de los guanacos— como islas de fertilidad para la regeneración de la vegetación, y analizar la variabilidad en la calidad nutricional del forraje a lo largo del tiempo. Estos enfoques buscan generar conocimiento aplicable al manejo de poblaciones silvestres y ganaderas, aportando herramientas para la restauración de ambientes degradados y la gestión sustentable del territorio.

El IPEEC celebró junto a la Fundación Vida Silvestre Argentina estas dos décadas de trabajo conjunto, reafirmando su compromiso con la investigación científica aplicada a la conservación de la biodiversidad patagónica, y con la generación de conocimiento que contribuya al manejo sustentable de los ecosistemas de la región.