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HERPETOLOGÍA
Dos nuevas especies de matuastos amplían el mapa de la biodiversidad patagónica
Un estudio con participación de investigadores del IPEEC-CONICET describe dos nuevas especies del género Diplolaemus y propone un protocolo para analizar de manera más sistemática las diferencias morfológicas entre linajes.
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En la Patagonia, algunos lagartijas pueden parecerse mucho entre sí y, al mismo tiempo, pertenecer a linajes evolutivos diferentes. Determinar cuándo esas diferencias alcanzan para hablar de una nueva especie es uno de los desafíos centrales de la taxonomía. Un nuevo trabajo con participación de investigadores del Instituto Patagónico para el Estudio de los Ecosistemas Continentales (IPEEC-CONICET) aporta dos resultados: describe formalmente dos nuevas especies del género Diplolaemus y propone un protocolo para analizar la variación de sus características físicas de manera reproducible.
Las nuevas especies son Diplolaemus varicolor y Diplolaemus crypticus. La primera se encuentra en el oeste de la provincia de Neuquén, mientras que D. crypticus parece estar restringida a la estepa patagónica del sudoeste de Chubut, entre los 500 y los 1100 metros sobre el nivel del mar.
El trabajo fue realizado por Juan Vrdoljak, Luciano Javier Avila, Iriel Surai Molina y Mariana Morando, junto con investigadores de otras instituciones. Para llegar a estas descripciones, el equipo analizó ocho linajes de Diplolaemus: cinco especies ya reconocidas y tres linajes candidatos identificados previamente.
Cuando mirar una lagartija también es hacer ciencia
Reconocer una especie no consiste simplemente en encontrar un ejemplar diferente. En este caso, los investigadores partieron de información molecular que había permitido identificar distintos linajes y luego analizaron si esas diferencias también podían encontrarse en sus características observables.
Para hacerlo estudiaron tres aspectos de la morfología: las dimensiones y proporciones del cuerpo y el número de determinadas escamas; la forma de la cabeza; y el patrón de manchas de la región dorsal.
Pero el aporte del trabajo no está solamente en qué midieron, sino también en cómo analizaron esa información.
El equipo propone un protocolo basado en dos etapas principales, inspirado en la lógica del aprendizaje automático (machine learning). Primero, mediante análisis no supervisados, se observa qué patrones aparecen en los datos morfológicos sin decirle al análisis a qué linaje pertenece cada ejemplar. Es, en términos sencillos, dejar que los propios datos muestren cómo se organiza la variación.
Después se realizan análisis supervisados: se parte de grupos definidos previamente a partir de la evidencia genética y de los resultados anteriores y se evalúa hasta qué punto las características morfológicas permiten reconocerlos.
La importancia de este procedimiento excede a las lagartijas. La taxonomía enfrenta una disminución en el número de especialistas y, al mismo tiempo, distintos investigadores pueden abordar la delimitación de especies mediante procedimientos diferentes. Un protocolo estructurado y replicable permite hacer explícito cómo se toman esas decisiones y facilita comparar resultados entre estudios.
Dos especies nuevas, dos historias diferentes
El análisis permitió encontrar evidencia sólida de que D. varicolor y D. crypticus son linajes evolutivamente independientes. Pero las dos especies presentan historias morfológicas diferentes.
- varicolor mostró una diferenciación relativamente consistente, especialmente en la morfología general del cuerpo. En cambio, D. crypticus resultó ser una de las especies con mayor variación morfológica del género. Sus individuos pueden presentar diferencias importantes en la forma del cuerpo y de la cabeza, lo que ayuda a explicar por qué su reconocimiento no era sencillo únicamente a partir de la apariencia.
Ese resultado deja una enseñanza importante: una especie no necesariamente tiene que verse siempre igual para constituir un linaje evolutivamente independiente. La variación dentro de una especie puede ser considerable y, por eso, analizar muchos ejemplares y diferentes características resulta fundamental.
El estudio también muestra que la evidencia no siempre alcanza para convertir un linaje en una especie. Para un tercer linaje de Diplolaemus no encontraron suficiente respaldo de independencia evolutiva. Los autores plantean que será necesario ampliar el número de ejemplares para determinar si se trata de un linaje independiente o si forma parte de otra especie ya reconocida.
Así, el trabajo no solo suma dos nombres al conocimiento de las lagartijas patagónicas. También propone una manera más transparente de responder una pregunta fundamental para conocer y conservar la biodiversidad: ¿cuándo dos grupos de organismos que se parecen entre sí son, en realidad, especies diferentes?