HERPETOLOGÍA

De Uruguay a la Patagonia siguiendo un linaje de lagartos desérticos

Joaquín Villamil es becario postdoctoral y regresó recientemente de una estancia académica en la Universidad Federal de Paraná, Brasil. En esta entrevista cuenta su experiencia y los próximos pasos en su investigación.


El vínculo de Joaquín Villamil con la biología evolutiva y, particularmente, con los reptiles comenzó mucho antes de su formación universitaria. Nació en Montevideo, Uruguay, en una zona rural ubicada a unos 30 kilómetros de la ciudad, donde desde muy pequeño tuvo contacto con anfibios y reptiles. Desde que tiene memoria, recuerda su fascinación por estos animales, una curiosidad que incluso estuvo acompañada por sus primeros libros sobre reptiles, cocodrilos y serpientes.

Hace poco más de un año que reside en Puerto Madryn porque se encuentra realizando una beca postdoctoral en el Instituto Patagónico para el Estudio de los Ecosistemas Continentales (IPEEC-CONICET). Pero, de noviembre de 2025 a abril de 2026 realizó una estancia académica en Brasil.

¿Dónde estuviste haciendo esta estancia?

Estuve en el Estado de Paraná, en Brasil, en Curitiba, en la Universidad Federal de Paraná. Vinculándome con un grupo de investigación que trabaja en evolución, también, de la diversidad zoológica. Y tienen un foco en entender procesos evolutivos, sobre todo de vertebrados de Sudamérica. Pero tienen un interés general igual sobre la diversidad, cómo se formaron las especies, qué procesos están detrás de la diversidad que observamos hoy.

¿Cómo se llama ese grupo?

Se llama Laboratorio de Evolución de la Diversidad Zoológica, en la Universidad Federal de Paraná, está dirigido por Fabricius Domingos, que es un biólogo evolutivo brasileño.

¿Y la característica de tu estancia allá fue de pasantía?

Sí claro, fue a través de un convenio en el que está involucrado Uruguay, Argentina y Brasil, entre CAPES, que es un organismo de financiación como CONICET acá; entre CAPES y el grupo de universidades Montevideo, que son un grupo de universidades de la región de Latinoamérica que involucra universidades de Uruguay, de Argentina y creo que algún otro país, que financian proyectos. Bueno, ahí había un proyecto grande para estudiar la especiación de anfibios y reptiles, de la región neotropical, digamos Sudamérica y Centroamérica, y en el marco de eso la universidad me contrató como un postdoctorado de corta duración.

¿Entonces, tu trabajo específico fue a partir de lo que trabaja el laboratorio de especiación, pero orientado a anfibios y reptiles?

Orientado a anfibios y reptiles, en mi caso más perfilado hacia reptiles. Si bien yo soy herpetólogo con un perfil evolutivo, he trabajado más bien con reptiles y lagartijas. Pero en particular lo que yo fui a trabajar es parte de una disciplina en la que estoy marcado, que es la delimitación de especies, que lo que intenta es resolver los límites entre poblaciones y especies, cuando básicamente dos poblaciones de una misma especie, por distintas circunstancias, terminan aislándose y siendo especies diferentes. Entonces, lo que fui a hacer es evaluar metodologías nuevas que han surgido para evaluar esos límites entre poblaciones, que utilizan algoritmos de aprendizaje de máquinas, el famoso machine learning, que es inteligencia artificial básicamente. Y a partir de eso evaluar cómo funcionan esos métodos, porque son muy nuevos, y no se sabe qué esperar de los resultados que arrojan. Para aplicar eso, luego, a resolver algunos problemas de taxonomía sistemática de las lagartijas de acá, de Argentina.

¿Y cómo se entrenan esas inteligencias artificiales para este fin?

Se les muestra, a través de simulaciones, un modelo verdadero. En esas disciplinas se llama como una verdad de fondo, o algo así, en el que vos establecés que estas son especies distintas, con estas características, con esta diversidad genética, con este tiempo de divergencia y este tamaño poblacional; y estos algoritmos aprenden, se entrenan en reconocer que son especies distintas. Y después generan estadísticos que permiten clasificar nuevas observaciones. Entonces una vez que haces eso, cuando vos le pones datos empíricos, pueden distinguir entre, es este modelo o no es este modelo, que yo conozco y sé discernir.

Pasión por los reptiles

Durante su adolescencia, Joaquín continuó acercándose a estos animales como aficionado. Al momento de elegir una carrera universitaria, inicialmente comenzó Agronomía, siguiendo una alternativa laboral cercana a la tradición familiar, pero su interés por la biología permaneció. La colaboración con un especialista en sistemática de plantas fue un impulso para decidirse finalmente por la carrera que quería estudiar.

Villamil cursó la Licenciatura en Ciencias Biológicas en la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, realizó una maestría en Zoología y posteriormente un doctorado en la misma subárea. A lo largo de su trayectoria mantuvo una orientación hacia el estudio evolutivo de los reptiles, pasando de herramientas de genética tradicional y marcadores unitarios hacia aproximaciones genómicas.

¿Y cómo trabajabas en diversidad poblacional antes de incorporar la herramienta del machine learning?

Bueno, eso antes se hacía y se hace todavía, basándonos en un modelo matemático que es el modelo coalescente, que permite la estimación de parámetros, y es un modelo estadísticamente explícito. Pero qué pasa, si bien es algo que revolucionó la disciplina, porque permitió ser objetivo y tener comparaciones basadas en estadísticos, entre distintos niveles de divergencia, es computacionalmente costoso. Porque requiere el cálculo de estadísticos que, cuanto más datos se tienen -algo que ha cambiado en los últimos años, trabajar a ese nivel y con ese tipo de enfoques- requiere mucho tiempo de cálculo computacional, y a veces no se puede alcanzar una solución por el volumen de información que hay. Y entonces este es un cambio de paradigma, que implica saltearte esa parte de cálculos estadísticos, y estimar parámetros, por la naturaleza que tienen estos métodos, e ir a algo más intuitivo, que es reconocer distintos modelos, y poder hacerlo cuando los datos son muy pesados, las matrices son muy grandes, tener una respuesta en un tiempo relativamente razonable. Como muchas cosas hay pros y contras. Lo tradicional hasta ahora que es ese modelo matemático estadístico, sigue siendo lo más robusto desde el punto de vista de estimación de parámetros, pero en algunos casos no es aplicable a la realidad: porque se generan volúmenes de información muy grandes, porque bajan los costos de secuenciación, y hay genomas disponibles. Todo esto hace que ya no sean posible utilizar esas metodologías.

¿Y a vos particularmente esta estancia, en qué sentís que te transformó, que te cambió en la mirada, o qué te aportó?

Y fue un poco meterse en algo que está revolucionando muchas áreas de la vida, no solo del conocimiento, y de la biología evolutiva, que es por donde está pasando un poco el desarrollo de herramientas. Es como agiornarse un poco a ese desempeño, poder poner un grano de arena en cosas que si no uno las termina viendo siempre de afuera. Salir un poco de ese lugar de confianza, de lo que uno viene haciendo hace tiempo, que es robusto todavía, pero bueno, que tiene sus limitaciones también. Y también desmitificar un poco estas herramientas de la biología evolutiva, y meterse un poco en tratar de aportar, el hecho de generar información que permita tomar decisiones de cuándo se pueden usar y cuándo no, estos métodos de inteligencia artificial. Que es la idea de fondo de esa pasantía, de esa estancia: es en qué escenarios fallan estos métodos, y en qué escenarios son más robustos que los otros que veníamos usando. Porque también como todo en la ciencia, porque es algo inherente a lo humano, hay modas, y hay cosas que se hacen populares muy rápido, y están muy bien vistas porque son muy de vanguardia, y se empiezan a usar masivamente, pero no siempre es la mejor opción. Y bueno, y ahora hay como una avidez en las revistas pesadas de biología evolutiva, de trabajos que evalúen métodos y que usen métodos de inteligencia artificial para resolver distintos problemas.

¿Y acá en el IPEEC estaba esa herramienta, alguien la usaba?

Kevin Sánchez, ya había trabajado con métodos de delimitación de especies que usan inteligencia artificial, y sí, o sea, él ya había incursionado en esa área.

¿Y ahora con tu trabajo allá, hay alguna perspectiva de poder seguir difundiéndola dentro del instituto?

Sí, yo creo que sí. Es muy incipiente porque es un trabajo a un plazo relativamente largo, que también implica simular datos, mucho trabajo computacional. Pero bueno, la idea es, una vez evaluados esos métodos y conocer un poco cómo se comportan, empezar a usarlos en los escenarios donde tienen ciertas bondades sobre lo más clásico, y aplicarlos a varios casos que tenemos acá en la región, y en el Grupo de Herpetología, de límites difusos entre especies, límites grises. O también volúmenes de datos que se están generando en el grupo cada vez más grandes y que implican estas miradas un poco más eficientes computacionalmente. Esa es la perspectiva de que se pueda empezar a generalizar la aplicación en los casos en los que merece la pena.

¿Y más allá de esta estancia, ahora que ya estás de regreso, en qué vas a seguir enfocando el trabajo de tu postdoctorado?

Tengo esos dos frentes de trabajo: por un lado continuar con eso y aplicarlo a las lagartijas que están vinculadas con el postdoctorado. Y por otro lado, seguir generando datos genómicos, que ya empecé a generar con un grupo de cuatro especies, que son con las que estoy trabajando, que son de ambientes arenosos del centro y la costa de Argentina. Continuaré generando información para responder preguntas que tienen que ver con la historia reciente de esas poblaciones: qué es lo que propició su diversificación, con los cambios ambientales que sufrió la región central de Argentina en los periodos glaciares e interglaciares. Un poco la idea de fondo del postdoctorado es entender, y responder, si hay una influencia observable en la información genómica de esos cambios ambientales tan marcados que hubieron en los periodos glaciares e interglaciares. Y tratar de hacer el nexo con esta otra parte, porque también es un caso de especiación reciente. Estas herramientas con las que estuve trabajando en Brasil, también pueden aportar. Porque yo fui a trabajar más enfocado en la delimitación de especies, pero también hay un desarrollo creciente en cuestiones más de demografía y cosas más a nivel poblacional, que también están revolucionando un poco la disciplina de la filogeografía, que más o menos es la disciplina general. Igualmente que están conectadas con la delimitación de especies en algunos casos. Seguir hacia ese lado también. Empezar a entender cómo funcionan todos estos algoritmos de inteligencia artificial. Aunque el machine learning es un método que data de hace décadas, hubo un incremento muy fuerte de uso muy reciente, y uno se tiene que ir familiarizando. Entonces aprovechar esa familiarización. Y el entender un poco su naturaleza para conectar con otras áreas de la biología evolutiva que también se ven beneficiadas del uso de estas herramientas.

Cruzando el charco

Su acercamiento al grupo de investigadores del IPEEC se produjo durante la maestría, cuando comenzó a trabajar con una especie de lagartija distribuida tanto en Uruguay como en Argentina. A partir de esa investigación surgió una colaboración con Luciano Avila y Mariana Morando para realizar muestreos en territorio argentino.

Esa experiencia significó un punto de inflexión en su trayectoria académica. Desde 2016 comenzó a realizar extensos viajes por ambientes áridos del norte argentino y a vincularse de manera sostenida con investigadores de la región. Esa colaboración contribuyó también a ampliar su perspectiva sobre las posibilidades de desarrollar su carrera como biólogo evolutivo y zoólogo en Argentina.

¿Cuáles son las especies con las que trabajas vos?

Son especies de Liolaemus, son cuatro especies. Las del postdoctorado son Liolaemus multimaculatus, que está en la región costera de Buenos Aires y Río Negro; Liolaemus riojanus que está en La Rioja, tiene una distribución más acotada; Liolaemus rabinoi que es una especie que se describió y se presumía extinta desde los 70's, si no recuerdo mal, hasta el 2010 que no se habían encontrado ejemplares, y tiene una distribución en Mendoza, en los arenales que están amenazados por las actividades de uso de vehículos en las dunas; y Liolaemus cuyumhue que es una especie descrita por Luciano Avila y por el grupo de acá, que también tiene una distribución muy puntual en Neuquén. Son todas especies que están distribuidas en ambientes arenosos, que están en la periferia de un ambiente central que se formó durante las glaciaciones que es el Mar Pampeano Arenoso, así es la traducción en español, que son grandes campos de dunas que se formaron por aumento de la aridez y cambios en los vientos durante los periodos secos de las glaciaciones. Esos ambientes se fragmentaron cuando la temperatura aumentó y la humedad aumentó, y eso podría estar vinculado a la diversificación que sufrieron otras lagartijas relacionadas a estas que estoy estudiando en el postdoctorado. Estos ambientes, que en algunos momentos eran continuos, de repente se empezaron a fragmentar aislando a esas poblaciones. También hubo una influencia sobre el tamaño poblacional, que es algo que estudié en el doctorado: una especie que vive en la región central de Argentina sufrió una expansión demográfica, un aumento del tamaño poblacional muy marcado en el último máximo glacial, cuando se expandieron esos ambientes arenosos. Toda esa información que hemos venido recabando a lo largo de años de colaboración, de mucho tiempo con el grupo de acá, con Luciano Avila y Mariana Morando, nos dan cuenta de que realmente los cambios de estos ambientes arenosos, impactaron de manera importante aspectos de la biología y de la historia de estas lagartijas.

¿Qué diferencias y similitudes encontrás entre Montevideo y Puerto Madryn?

Montevideo es también una ciudad costera, aunque el impacto del océano no es comparable con el que tiene Puerto Madryn. Sin embargo, encuentro varias similitudes entre ambas ciudades. La rambla de Puerto Madryn me recuerda a la de Montevideo, aunque esta última tiene unos 25 kilómetros de extensión.

También encuentro semejanzas en la idiosincrasia de sus habitantes, particularmente en el perfil bajo de la gente del sur de Argentina, que considero cercano al de los uruguayos. Incluso algunas expresiones culturales y musicales de Uruguay que se practican en Puerto Madryn me resultan familiares y contribuyen a generar una sensación de cercanía con mi lugar de origen.

Los paisajes, en cambio, marcan una diferencia evidente. Montevideo es una ciudad mucho más arbolada y húmeda, mientras que Puerto Madryn se caracteriza por un ambiente mucho más seco. Para mi, ese contraste de vegetación y humedad fue uno de los cambios más notorios al llegar a la Patagonia.